miércoles, 30 de octubre de 2019

ORACIÓN DE ISRAEL



ORACIÓN DE ISRAEL (15,1-6)




El texto comprende dos partes: la invocación de los vv. 1-3 y el juicio de \os idólatras en los vv. 4-6. La invocación de los vv. 1-3 es la última de Sab 13,15 después de 14,3-6. En el relato bíblico del Éxodo, después de la idolatría del becerro de oro (Ex 32), el Señor renueva la alianza (Ex 34,6-9).
«En 15,3, la inmortalidad (athanasía) está vinculada explícitamente al conocimiento del Dios revelado; más directamente, al reconocimiento de su señorío.
La inmortalidad ya no es considerada como la sanción de la justicia en generala como la recompensa a una fidelidad ejemplar a Dios, en medio de pruebas o de persecuciones, sino como el desarrollo de una justicia que procede del reconocimiento del Dios único y de la aceptación de su realeza. El clima es más claramente judío» 52.
Por su parte, F. Genuyt señala el vínculo entre la inmortalidad .Y el respeto a la vida: «Sin querer profundizar excesivamente en la categoría de la inmortalidad, afirmamos que está ligada al reconocimiento del origen de la vida. Conocer que la vida es un don ya es un modo de inmortalidad. Ningún mortal puede agotar la vida ni jugar con ella, porque sería su detentador. Si la vida le ha sido dada, pasará por él e irá a otros. Lo que constituye la dignidad del ser humano no es que sea inmortal y que no deje de vivir, es decir, que haya nacido, mientras que los ídolos, propiamente hablando, no nacen de la actividad humana (cf. 15,17). Su grandeza es haber recibido la vida. Que esta recepción de la vida no sea incompatible con el acontecimiento de la muerte sería la conclusión, todavía modesta, del texto. Pero la idolatría muestra que la historia de los hombres enseña a la vez que proceden de Dios y van a Dios y que hacen todo lo posible para olvidarlo» 53.
Los vv. 4-6 retoman las descripciones del arte idólatra en 14,18-20 Y del extravío al que Israel ha escapado. El verbo «extraviarse» (planao), empleado en el v. 4, tiene el sentido, en un contexto semejante, de «conducir a la idolatría». Los antiguos comentaristas de Sab 15,5 remiten a la célebre pasión del escultor chipriota Pigmalión por la estatua de Afrodita que había esculpido. ¡El deseo por una imagen sin vida! Los idólatras están prendados de sus estatuas, mientras que Salomón estaba prendado de la Sabiduría (Sab 8,2). Este deseo traduce un olvido de la vida. "Los idólatras no saben que han recibido la vida, y se las arreglan para rechazar transmitirla. No reconocen a su creador y, en lugar de dar vida, pasan su tiempo fabricando sustitutos de lo que serían los beneficiarios de la vida ofrecida. Intentan producir un dios y no producen ni siquiera un ser humano. Traducimos de forma simplista: a falta de hijos hacen ídolos. El miedo a la generación tiene como corolario un frenesí de fabricación o, si se quiere, la desaparición de cualquier diferencia entre generación y fabricación» 54.

martes, 29 de octubre de 2019

JURAMENTOS E íDOLOS

JURAMENTOS E íDOLOS (14,27-31)





Los vv. 27-31 constituyen una conclusión sobre los juramentos en el marco del culto a los ídolos «sin nombre», es decir, que no se pueden nombrar en una invocación. Si los juramentos están muy reglamentados en la legislación bíblica -es por el nombre del Señor por quien se hace un juramento en Israel (Dt 6,13; 10,20)-, la prohibición de apelar a los dioses extranjeros está atestiguada en Jos 23,7. En el judaísmo tardío, los juramentos, incluso por el Nombre (del Señor), están fuertemente desaconsejados (Eclo 23,9-10).
De hecho, estos vv. 27-31 retoman el tema del perjurio, el juramento falaz por las divinidades paganas, los ídolos e incluso por el soberano, considerado como dios. El castigo de los idólatras perjuros es, por tanto, doble, porque confunden a Dios con los ídolos y porque cometen perjurio. Este castigo restablece un orden de justicia en este mundo que ha perdido el sentido y la jerarquía de los valores. Este tem~ del castigo anuncia la perícopa siguiente sobre la misericordia de «nuestro» Dios.

lunes, 28 de octubre de 2019

CONSECUENCIAS DE LA IDOLATRíA



CONSECUENCIAS DE LA IDOLATRíA (14,22-26)






Las dramáticas consecuencias de la idolatría pueden resumirse en una palabra: es una corrupción general de la vida humana. Ningún sector escapa a ella. La enumeración de las consecuencias representa un catálogo completo de las miserias humanas: adulterio, fraude, perjurio, traiciones, orgías, infanticidios, asesinatos, desvaríos, etc. Se dice que la idolatría es el principio, la causa y el término de todo este mal. «El juicio es muy severo, como en todos los catálogos de vicios de la literatura antigua. En el NT, estos catálogos se encuentran en Pablo en Rom 1,24-32; 1 Cor 6,9; Gal 5,19-21, Yen otros lugares: 1 Pe 2,1; Ef 4,31; Col 3,8; Sant 1,21. La influencia ejercida por el Decálogo (Ex 20,13-15) Ypor Sab 1,25 por mediación de Oseas (Os 4,2) da cuenta mejor de la totalidad del contenido real del catálogo de Sab 14,23-26. El asesinato, el adulterio, el perjurio y el falso testimonio son mencionados explícitamente por el Decálogo y las corrientes que dependen de él. Si existe influencia griega, se aprecia, por una parte, en el nivel del vocabulario que designa los vicios que ya la moral veterotestamentaria condenaba (...); por otra, el ambiente de Sab está infestado por los misterios y los banquetes dionisíacos que el mundo bíblico hebreo ignoraba» S'.

viernes, 25 de octubre de 2019

EL CARPINTERO IDÓLATRA

EL CARPINTERO IDÓLATRA (13,11-19)

Este desarrollo irónico, el segundo de siete ejemplos de idolatría, utiliza el género literario griego de la humillación, de la degradación caricaturesca. En 13,11-15, el texto describe irónicamente la fabricación del ídolo de madera siguiendo la crítica del trabajo del escultor sobre madera en Is 44,9-20 (griego); después en 13,16-19, con la misma ~reocupación por el ridículo, describe las variaciones del culto doméstico que se rinde a este ídolo de madera, inspirándose esta vez en Bar 6,25-26. Pensemos en la sátira de Horacio:
"Yo era antaño un tronco de higuera, madera inútil, cuando el artesano, no sabiendo si haría un taburete o un Príapo, prefirió que yo fuese dios. Y, por tanto, heme aquí como dios» (Sátiras, 1, 8,1-3).
"Las obras del hombre -escribe F. Genuyt- tienen un significado humano, dado que están prograniadas para usarse con el objeto de satisfacer las necesidades humanas. Por el contrario, la idolatría surgió por degradación del artesanado en artificio. Nada lo muestra mejor que la atención que dirige el narrador a la noción de "desperdicio" (Sab 13,13). Lo que "queda" cuando el carpintero ha trabajado la madera para su uso, aún puede servir: las virutas calientan la marmita. Pero el resto de este resto, el puro desperdicio, esto es lo que el artificio eleva a la categoría de ídolo. El ídolo es el reciclaje del desecho. Al elevar el desperdicio a la categoría de un dios, el idólatra borra la diferencia entre la actividad artesanal y la actividad creadora» 43.

"El idólatra llama Dios a lo que le es inferior. Esto es de una impotencia manifiesta, ya que hay que fijarlo sólidamente por miedo a que se venga abajo, y, sin embargo, el idólatra le pide la salud, la felicidad, el éxito. Subrayando esta contradicción, nuestro autor mantiene su originalidad con relación al texto de Is 44 en el que se inspira. Entre los textos veterotestamentarios de los que encontramos rastros en Sab 13,10-19, hay que quedarse principalmente con la prohibición de las imágenes, formulada por el Decálogo (vv. 13e-14a). Así, la condena es pronunciada en continuidad con la tradición bíblica y sobre todo profética» 44.

jueves, 24 de octubre de 2019

El elogio de la Spbiduría


El elogio de la Spbiduría (6,22-8,21


Merece la pena prestar atención a la ficción salomónica que aparece en estos capítulos 23. Ningún nombre propio ni de lugar ni de persona aparece en el libro de la Sabiduría, fuera del mar Rojo (Sab 10,18). Pero la identificación del que habla en Sab 7-9 no ofrece ninguna duda. Varios elementos del texto no pueden aplicarse más que a Salomón, por ejemplo:

«Tú me elegiste como rey de tu pueblo, para gobernar a tus hijos e hijas. Tú me ordenaste edificar un templo en tu monte santo y un altar en la ciudad de tu morada» (9,7-8).

La autoridad de la enseñanza de Salomón en Sab 7-9 no está fundamentada sólo en el Salomón de la historia, tal como es presentado en las tradiciones de 1 Re 3-11 y 2 Cr 1-9. Es un Salomón con la fuerza de la edad, con el fasto de su obra y de su gloria, que quiere comunicar su experiencia humana y espiritual. Habla en pasado (los verbos están en aoristo) de cómo era antes de obtener la Sabiduría. En este momento del relato, considera las ventajas de su búsqueda, de su compañía y de sus esponsales con la Sabiduría (Sab 8,9-16). Pero descubrió y experimentó todos estos bienes por la concesión de la Sabiduría, y esto es lo que da autoridad a su discurso (7,12-14).

27

Un hombre maduro, por tanto, pero no el viejo sabio o el viejo rey «cuyo corazón no fue enteramente del Señor, su Dios», a causa de su amor por sus mujeres extranjeras (1 Re 11,1-8). El libro de la Sabiduría no contiene ni el juicio de Salomón (1 Re 3,16-28), ni la visita de la reina de Sabá (1 Re 10), ni la administración, los trabajos o incluso la política internacional. El saber enciclopédico (1 Re 5,12-13) se convierte en Sab 7,17-21 en un conocimiento universal en los términos de la cultura helenística, aunque con una coloración apocalíptica, <,de todo lo que está oculto y de todo lo que se ve», pues todo esto le fue dado por Dios y su Sabiduría. • Hay que señalar un último punto en esta presentación de Salomón. Es el tipo mismo del sabio, de cualquier hombre invitado a asumir su responsabilidad en la existencia. Podemos preguntarnos incluso si en

7,14 Y 27-28, donde se encuentran el verbo «amar» (filein) y las palabras «amigo» (filos) y «amistad» (filía), el autor no quiere extender a todo amante de la Sabiduría el nombre privilegiado de Salomón, Yedidías, «amado del Señor», de 2 Sm 12,25. Este proyecto del autor de ofrecer a todos la experiencia sapiencial de Salomón «explica quizás también por qué ha callado el nombre de Salomón y por qué ha omitido todo lo que sería atributo demasiado exclusivo del gran rey. Pero entonces lo que permanece en Sab 7-9 como alusión a Salomón debe ser probablemente reinterpretado, para permitir con ello una lectura adaptada a los contemporáneos del autor y a cualquier lector. ¿Qué es, por tanto, la monarquía? ¿Qué puede significar ser llamado a construir un templo?» 24.

miércoles, 23 de octubre de 2019

El elogio



El elogio




Por lo que respecta a la «reflexión más sintética» o a las reglas de la retórica griega, es P. Beauchamp quien, desde 1964, ha orientado la investigación. ¿Hay que situar a Sab en las categorías del discurso exhortativo (logos protreptikós) o en las del discurso demostrativo (logos epidiktikós)? Y en el discurso demostrativo, ¿hay que establecer una subdivisión titulada «elogio» (enkomion)? Siguiendo a P. Beauchamp, se puede considerar todo el libro como un elogio de la Sabiduría, elogio construido según las reglas de la retórica greco-latina. Pero las particularidades del libro de la Sabiduría se dejan sentir a lo largo del texto: el autor está marcado por una mentalidad hebrea, manifestada ya en los capítulos 1-6, pero, sobre todo, en las comparaciones de los capítulos 11-19. Los judíos y los egipcios no intervienen solos: aparece un tercer compañero, el cosmos, por el que Dios manifiesta su acción.
"El autor insiste en la búsqueda y la adquisición de la Sabiduría, pero sabe que el hombre sólo puede

recibirla y que, como Salomón (1 Re 3), conviene pedirla a Dios, lo que es ya inteligente (y don de la Sabiduría misma, ef. Sab 8,21). Dicho de otra manera, todo el elogio cae hacia la oración: Sab 9 está en el centro» (M. Gilbert, ibíd.).
Al aplicar las características del elogio (enkomion) al libro de la Sabiduría, podemos releer la estructura literaria establecida precedentemente. Esto se lleva a cabo de manera sencilla en la presentación que sigue, debida a M. Gilbert.
«El discurso comienza con un exordio (1,1-6,21), donde el autor trata de mostrar ante todo el interés que ve en proceder a un elogio de la Sabiduría. Este exordio se inicia con una página muy densa donde el tema principal del libro está englobado en una apremiante exhortación dirigida a los lectores (1 ,1-7).
Para hacer sentir de qué manera el tema no es evidente por sí mismo, el autor hace que hablen sin tardar los adversarios de su tesis, los "impíos" (2,1-20), antes de ofrecer su interpretación de algunas situaciones paradójicas vividas por los que practican la virtud (3,1-9; 4,7-15). El autor argumenta a partir del problema humano fundamental, el de la muerte. Desde la fe, afirma que "la justicia es inmortal" (1,15) Y que "Dios ha creado al hombre para una existencia imperecedera" (2,23). El exordio acaba con una nueva exhortación (6,1-11) Y con una presentación clásica del motivo del elogio: la Sabiduría (6,12-16).

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En principio, el elogio (6,22-9,18) debe describir a la vez el origen, la naturaleza y las obras de la Sabiduría. Pero, a propósito del origen, el autor, que se presenta con los rasgos de Salomón, el sabio por excelencia, comienza mostrando cómo le ha sido dada la Sabiduría (7,7-11). Subraya que sólo la oración está en el origen de este don de Dios. Luego, después de una breve súplica en la que pide a Dios hablar bien de la Sabiduría (7,15-16), procede finalmente al elogio propiamente dicho de la Sabiduría: describe su naturaleza (7,22-24), su origen en Dios (7,25-26) y sus obras (7,27-8,1). Después vuelve al sabio que ha deseado obtener la Sabiduría (8,2-15), antes de pedirla como se debe en una ardiente oración: es el centro del libro (9,9-18).


martes, 22 de octubre de 2019

EL FINAL DE LOS JJ]DÍOS EN ALEJANDRIA

EL FINAL DE LOS JJ]DÍOS EN ALEJANDRIA


Desde Alejandro a Adriano, en Alejandría y en las riberas del Nilo, los judíos viven su judeidad en términos de lengua y cultura griegas, permaneciendo fieles a los principios monoteístasjudíos. Son griegos que permanecen como judíos. Esta «doble fidelidad» se muestra fecunda en el plano cultural, pero no siempre está libre de peligros. No obstante, los casos de apostasía fueron excepcionales. Pero la gran sinagoga de Alejandría desapareció en la catástrofe que, a finales del reinado de Trajano, aniquiló la diáspora judía de Egipto. Fue el final de un período de decadencia en el que el judaísmo alejandrino se hundió después de la conquista romana de Egipto en el año 30 de nuestra era. Los romanos no tocaron la autonomía religiosa ycultural de los judíos, pero eliminaron el marco institucional que les permitía conciliar el mantenimiento de una identidad nacional con la pertenencia a un grupo dominante.

 La microsociedad de los «helenos», de la que los judíos formaban parte, se disgregó; el elemento griego encontró un lugar privilegiado en una nueva organización de la sociedad provincial de la que ellos fueron apartados. La violencia de los enfrentamientos entre judíos y griegos en Alejandría en el siglo 1 de nuestra era lleva la marca de estas conmociones. La revuelta de los años 115-117 puso definitivamente fin a la aventura griega de los judíos de Egipto. Sus grandes realizaciones espirituales -la Biblia de los Setenta yla obra exegética del filósofo Filón-pudieron ser salvadas gracias al naciente cristianismo. Pero la actualidad del judaísmo alejandrino reside sobre todo en la pregunta que nos plantea: ¿en qué condiciones, hasta qué límites y a qué precio es posible pertenecer a dos culturas, a dos universos tan diferentes en su manera de concebir el lugar del hombre en el mundo, frente a lo divino y con relación al resto de la creación, como el paganismo griego yel monoteísmo judío? (Cf J. MELEZE-MoDRZEJEWSKI, «La communauté juive»: Les Dossiers d'Archéologie 201 [marzo 1995] 44-48)..


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